puente de carlos III-13 año 2004El Puente de Carlos III es un puente en Miranda de Ebro (España) que cruza el río Ebro, entre Aquende y Allende. Se sitúa entre los puentes llamados “del inglés” o “de hierro” y “del francés”. El puente original de Miranda fue destruido por una fortísima riada en 1775. Era un punto estratégico en el norte del país siendo un paso obligado del Ebro bajo peaje.

Junto al puente, en la orilla de Allende, se encuentra la iglesia del Espíritu Santo, un bello ejemplo de arte románico declarado Monumento Histórico Artístico.

Por este puente pasó la carretera Nacional I hasta 1953.

Tiene una longitud de 106 metros y unos 10 metros de anchura.

El primer puente

No se sabe con total exactitud desde cuando Miranda de Ebro dispone de un puente para cruzar el río Ebro, pero lo cierto es que desde hace más de mil años es una pieza clave en el desarrollo de la ciudad. Ya en el Fuero de Miranda de 1099 concedido por Alfonso VI de Castilla se hace mención del puente de Miranda y otorga el privilegio de convertirse en paso obligado de mercancías y personas entre las márgenes izquierda (Álava) y derecha (Burgos y La Rioja) del Ebro, pagando pontazgo por cruzarlo y prohibiéndose establecer otro puente o barca entre Miranda de Ebro y Logroño para cruzar el río.

Probablemente el primer puente de Miranda de Ebro era de madera y solucionó los posibles problemas que causaba el cruzar el río por los vados de la zona. Se piensa que se mantuvo en pie hasta que se construyó uno nuevo en 1177.

Puente medieval de Miranda

El 23 de julio de 1155 Sancho III, con permiso de su padre el emperador Alfonso VIII, daba licencia a la iglesia de Santa María de Calahorra para construir un puente en Miranda de Ebro y beneficiarse del impuesto del pontazgo. En 1177 el puente ya estaba acabado, pero incluso en 1194 Alfonso VIII seguía donando propiedades al obispo de Calahorra para la obra del puente.

Esta construcción medieval, sin embargo ya para el siglo XIV mostraba importantes signos de deterioro, prueba de ello es la continuada concesión de privilegios que la monarquía otorgó desde el siglo XV para la reconstrucción de las partes dañadas.

Hasta el siglo XIII fue el obispado de Calahorra quien explotó la concesión del puente beneficiándose de los derechos que de él se derivaron, al pertenecer Miranda a la diócesis Calagurritana. El siglo XIII no ha dejado excesivas noticias acerca de las vicisitudes del puente mirandés, sin embargo es razonable pensar que a partir de esta centuria fue en concejo mirandés quien dispuso del control del mismo.

Los Sarmiento, dueños de la villa y sus propiedades durante buena parte del siglo XV, ejercieron un uso bandoleril del puente, cargando de grandes impuestos para su paso.

El puente constaba de siete arcos, tenía un perfil curvo y su calzada era estrecha con pretil, perfil alomado y como elemento distintivo respecto a otros puentes medievales tenía planta quebrada. Esta planta estaba determinada por la necesidad de asentar las pilas en la roca firme, daba un carácter más defensivo al puente, pero provocaba un mayor desgaste de las cepas al ofrecer mayor resistencia al agua.

Como particularidades de este antiguo puente, hay que reseñar que sobre su primer arco, viniendo de Burgos, se hallaba la Casa del Corregidor y Ayuntamiento mirandés (actual calle de Federico Keller); en la parte central se levantaba una gran torre que servía de cárcel y lugar para cobrar el impuesto del “Pontazgo”; y en la penúltima cepa, antes de llegar al barrio de Allende, se encontraba un pequeño recinto utilizado como matadero y carnicería de la Villa, aprovechando la presencia del río para poder verter en él los desperdicios

A lo largo de su historia tuvo numerosas reparaciones y obras, por ejemplo en 1425 tuvo que ser reparado de urgencia porque tenía riesgo de caer. Al menos desde 1463 poseía una torre para el cobro del pontazgo y como elemento defensivo, situada parece ser viniendo de San Nicolás en el segundo pilar. En 1581 se construyó una torre en el primer arco desde Aquende en la que se ubicó el ayuntamiento, la casa de justicia y una carnicería.

Se construirían más tarde una nueva torre en la primera pila de Allende que servía de cárcel. En total formaban un autentico castillo sobre el agua.

En 1564 por orden del ayuntamiento y para protegerse de la epidemia de peste que asolaba el país, se cerró con empalizadas las tres puestas de la ciudad y el puente encomendando su guardia a 7 vecinos de la ciudad, siendo el encomendado en custodiar el puente  Damián de Zárate, prohibiéndose así la salida de cualquier ciudadano de la ciudad al igual que la entrada en ella.

En 1611, a la cabeza de un numeroso equipo de canteros Juan de Aguirre, reformó los otros arcos, pilas y manguardias.

Pese al esfuerzo realizado, estas reformas sólo eran parches y el puente seguía siendo vulnerable a las violentas avenidas del Ebro como las que tuvieron lugar en 1635 y 1636, que volvieron a dejar maltrecha su estructura. Su importancia estratégica y comercial hacían necesaria su reparación, y en 1642 se presentaban nuevas trazas y condiciones. La obra quedó en manos de Juan Gutierrez de Perujillo, Juan Bautista Galán y Andrés de la Penilla quienes iniciaron los trabajos en 1650. Estos consistían en “demoler y edificar los tres arcos de la dicha puente” hacia el barrio de San Nicolás, reforzar las cepas y apear la “sala del ayuntamiento y la cárcel real, que a partir de este momento se construía independiente del ayuntamiento y sobre la primera pila del barrio de San Nicolás. Tras estas obras ya no fueron necesarios grandes reparaciones hasta un siglo después.

Este puente de “época moderna” seguía teniendo planta quebrada, perfil alomado y siete arcos como el

 medieval, pero ahora tenía dos nuevas torres escoltando a la realizada en el siglo XV que formaban un “castillo sobre el agua”. La levantada sobre la primera cepa de San Nicolás servía de cárcel real, la del primer arco del barrio de Aquende se destinaba a ayuntamiento, casa de justicia y carnicería, y la central debía seguir siendo el lugar en el que se cobraba el pontazgo. Decoraban el puente varias bolas dispuestas sobre el pretil, motivo decorativo clasicista de estirpe escurialense.

Pero el mal estado del puente, ya de por sí muy viejo, y las tremendas y sucesivas riadas de los años 1711 y 1758 hizo que durante la riada que los días 19, 20 y 21 de junio de 1775, que asoló Miranda se acabara destruyendo el puente, dejando en pie sólo el arco de la Casa del Corregidor, las cepas centrales y la carnicería.

Servía para que las carretas de bueyes cargados de lana castellana la llevaran a los puestos cantábricos y trajeran de vuelta hierro vasco.

El puente va a favorecer la transformación de Miranda de una aldea rural como otras muchas de su entorno a un auténtica villa con un entramado urbano cada vez más evidente, significando, en definitiva, que el número de arrieros, carros y carretas en nuestra comarca se potencien de una forma desconocida hasta entonces, posibilitando además la creación de una serie de servicios complementarios propios de la actividad mercantil.

Actual Puente de Carlos III

Miranda necesitaba un nuevo puente tras la devastadora riada y el Concejo se puso inmediatamente en contacto con la corte para gestionar la construcción de uno nuevo. El arquitecto elegido fue el riojano Francisco Alejo de Aranguren que, con ayuda del cántabro Pedro del Mazo, se encargó de la construcción del puente y de las manguardias. PLANOS

Hasta que finalizó la construcción de nuestro actual puente, los dos barrios de Miranda se comunicaron por medio de un servicio de barcazas. Un maestro, procedente de Bilbao, se encargó de dirigir las obras de un pequeño barco y una barca transbordadora de gran tamaño, terminadas para finales de agosto del mismo año de la riada. Este servicio, resultó ser muy costoso porque necesitaba un mantenimiento continuo. Se instaló aproximadamente a la altura de la actual calle “Ciudad de Toledo” de modo que no molestara las obras del puente, trasladado en su emplazamiento respecto al anterior un poco más arriba.

El nuevo puente mirandés, colocado un poco más arriba que el anterior, se diseñó con gran amplitud, siendo ya capaz de soportar la presencia de dos grandes carretas circulando en direcciones opuestas.

Las obras comenzaron aquel mismo año, y terminaron en un tiempo record, en 1777 el puente ya estaba listo aunque no fue oficialmente inaugurado hasta 1780. En la entrada de Allende se colocaron dos leones esculpidos por el artista alavés Juan Antonio de Moraza en 1787. Uno de los leones sujeta el escudo real mientras que el otro sostiene el de la Ciudad.

El Puente de Carlos III consta de seis arcadas de piedra de sillería que arrancan de cinco pilas a media altura. Cuenta con tajamares semicirculares y apuntados para disminuir el impacto de las aguas. Federico Keller llevó a cabo una reforma en 1911 dotando al puente de aceras y barandilla de fundición, también cambió de lugar los leones colocándoles en el centro del puente. Hasta 1953, el puente soportaba el intenso tráfico de la carretera Nacional I.

La última reforma llevada a cabo entre 2005 y 2006 fue especialmente polémica por la incorporación de unas nuevas barandillas de acero cortés junto con unos faldones del mismo material. En esta reforma se aprovechó para semipeatonalizar el puente. Fue proyectada por Patxi Cortazar.

Este puente tuvo gran importancia en el camino de Santiago, (tanto en los primeros años de peregrinación, como posteriormente entre finales del siglo XIV hasta finales del siglo XVIII.) por donde los Peregrinos Europeos del norte de los pirineos, iban a Santiago de Compostela.

El 14 de diciembre de 1991, el león con el escudo de la ciudad cayó al agua en pedazos mientras colocaban la iluminación navideña. La misma figura sufrió un accidente en 1992 a causa de una tormenta que hizo una brecha en el lomo. En 1999, durante las fiestas de San Juan del Monte, un sanjuanero lanzó un trozo de cartón al aire y rompió accidentalmente la cruz de la corona del león monárquico.

Fuentes: Wikipedia e Historia de Miranda de Ebro (Varios autores, ayuntamiento)

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